¿Por qué somos infelices?

¿Hay alguna diferencia entre el agua del océano y el agua del río, o entre el agua que sale de la llave o el vapor que emana al descongelarse el frío de la mañana?, ¿Es diferente el agua de mi cuerpo al agua del tuyo?, ¿Soy diferente de tí?, ¿Soy diferente hoy al yo del ayer, o al yo de mañana?

La causa primordial de la infelicidad está radicada en esa sensación o sentimiento que emana al creer que algo nos falta, que estamos separados de lo que nos rodea. Esta desconexión casi intrínseca en nuestra sociedad produce ansiedad, y es nuestra inhabilidad para lidiar con ella, la que nos enferma, física, mental y espiritualmente.

Somos infelices por que no sabemos aceptar esta ansiedad, y la agrandamos, transformándola en miedo. La convertimos en algo externo, al verla proyectada en otra cosa que no seamos nosotros mismos, como el miedo a perder nuestra casa, nuestro trabajo, nuestra pareja o nuestra vida.

Sentimos miedo, y este nos presiona convirtiéndose descontroladamente en más angustia. Llevándonos a un estado conocido como «estrés». Se desborda y toma control de nuestras emociones, llevándonos por corrientes vertiginosas, donde nos perdemos y agrandamos la sensación de estar desconectados de nosotros mismos. Nos consolamos e intentamos remediar esto, al intentar conectar con otros a nuestro alrededor, al intentar conectar con tendencias o modas. Nos entregamos por completo a lo que el mundo externo nos ofrece y entonces nos vemos convertidos, usando formas y máscaras «compradas», como si fueran propias y creyendo que conforman nuestra identidad.

Pero muy en el fondo sabemos que eso no somos nosotros y el día a día con sus problemas habituales, alegrías momentáneas y sentimientos pasajeros, nos distrae. Y en la distracción somos reyes de todo lo conocido, vivimos y nos vanagloriamos de lo que hacemos, de lo que creamos y de lo que creemos también. Porque preferimos vivir eternamente y comodamente distraidos de la consciencia antes que comenzar a aceptar el vacío en el cual vivimos.

Buscamos valores, propósitos, sueños, metas y aun así, el vacío permanece, y en él, mantenemos la incertidumbre de lo desconocido. Evitamos mirar, porque sabemos que no podemos ver realmente. Y si fuésemos capaces de ver, entonces todo en lo que creemos y por lo que vivimos, se derrumbaría, pues hemos montado un espectáculo, hemos elegido roles para estar aquí, comodamente, sin saber verdaderamente, quién es el que está aquí.

Somos infelices, y hay que aceptarlo. Porque nunca aprendimos a ser o a estar felices. Porque ni si quiera sabemos qué es lo que eso significa. Y nos conformamos comodamente con repetir la frase célebre de algún poeta o filósofo, como si verdaderamente lo hubieramos dicho nosotros, después de una experiencia real de felicidad plena y pura.

Más bien copiamos  en todo lo posible, la felicidad que vemos proyectada en el otro, entonces nace la competencia. El deseo nos gobierna, y el enojo nos consume, cada vez que el otro logra algo y nosotros no. Perdemos el control, porque creemos tener el control.

Comparación, competencia, celos, envidia, miedo, egoísmo, avaricia… Cada día sentimos esto, cada día hacemos algo para no volver a sentirlo, repetidamente, volvemos a sentirlo, ya que sin importar lo que hagamos, estamos cazando nuestra propia cola.

Somos infelices porque estamos viendo el mundo con los ojos cerrados. Estamos navegando sin velas ni remos, ni motor. Estamos a la deriva en el mar de nuestra propia ignorancia. Estamos a merced de nuestra angustia y ansiedad, de nuestro miedo a la muerte, al rechazo y al abandono. Y no existe un solo guía en el que podamos confiar, pues, estamos a merced del ego, que nos embauca y nos hace desconfiar. Principalmente, de nosotros mismos y de la vida.

¿Quieres dejar de ser infeliz?

Abraza tus miedos, acepta el vacío de tu corazón, permite que se expanda, permite que siga siendo vacío. No busques más, pues ya sabes que no hay nada. Ahora simplemente vive en el vacío, y entonces aparecerá para tí, el presente. Ningún color, ninguna forma, ninguna edad, ni cargo, ni bien material, ni ser amado, te llenará, ni estará contigo para siempre. Permite que el dolor se exprese en tí, así como la alegría. Permite al vacío y libera el silencio. Ahora sólo respira y vive.

La vida es evidente. Vívela como realmente es. Tu camino es aquel que haces paso a paso, momento por momento. Agradece cada instante y da al mundo aquello que hayas recibido a cambio.

Publicado por Coach Félix Fuenzalida

Living passionately to give the best of myself to everyone who wants to find their life purpose, create healthy and productive habits, and become aware of their own meaning of life. Life Coach / Fitness Coach / Yoga Teacher / Digital Comunicator

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